Quiénes somos

Año 1851

Los orígenes

Etxezuria es una casa típica del Valle del Baztán, que mandó a construir María Francisca Garvalena de Mañeru en 1851.

Una casa señorial que en su día tuvo hasta su propia capilla, con sus muros de piedra, vigas y suelos de madera, y una imponente entrada con losas grandes de piedra roja de Baztán.

Estos elementos han sido testigos de numerosas historias a lo largo de los años.

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Año 1950

El comienzo de nuestra historia familiar

Hacia 1950, mi madre llegó a Etxezuria con 14 años, procedente de una familia de ocho hijos. En aquella época era habitual que algunos hijos se criaran con parientes al no poder mantenerlos.

Precisamente mis padres se conocieron en esta casa. Él se dedicaba al contrabando y, en uno de los viajes, se detuvo a descansar en Etxezuria.

Entonces fue cuando comenzó la aventura de Conchita e Ignacio.

Año 1955

Una familia, un proyecto de vida

En 1955 adquirieron la propiedad. Tanto ella como él tenían parte del dinero, y el resto tuvieron que pedirlo a un amigo con un contrato verbal, con el firme compromiso y motivación de construir una familia y un porvenir.
La aventura se hizo realidad: tuvieron seis hijos y ampliaron el negocio. La casa contaba con una tienda donde se vendía de todo, se servían comidas y se alquilaban habitaciones.

Durante décadas fue el punto de encuentro de la gente del pueblo: los hombres venían a jugar al mus y tomar un aperitivo, y las mujeres a hacer sus compras.

La máxima de mis padres era clara: atender al cliente con el sentimiento de hacerles sentirse en casa. Ese es el legado que me dejaron mis padres.

Año 1993

Nuestra nueva etapa

En 1993, comencé una nueva aventura junto con mi marido: transformamos la casa en una casa rural.

Hoy somos Mertxe y Julián, continuando con el legado más preciado de mis padres.

Estamos en un entorno natural rodeado de montañas, donde se respira aire puro e inevitablemente nos relaja.

El resto… te dejo a ti, para que lo descubras por ti mismo.

Te esperamos

Estamos encantados de recibir a quien quiera vivir la experiencia de saborear platos elaborados con productos autóctonos y disfrutar del paisaje que nos rodea, manteniendo viva la esencia con la que mis padres acogían a cada persona: haciéndola sentir como en casa.